Jimmy Astudillo Alonso tiene 27 años y nació en Timbío (Cauca), sus labores cotidianas empiezan alistando a su hijo de tres años, Jimmy Alexander, para posteriormente llevarlo a laguardería. Para Jimmy, su hijo y su esposa, Mercedes Gallego son el camino de ánimo y fortaleza para seguir aprovechando los buenos momentos de la vida. “Mi familia al principio estaba confundida, pero a medida de los días se fue acostumbrando a mi situación, ahora están contentos porque soy autónomo en mis actos”, afirma Jimmy.
La sala de invidentes “Rafael Maya”, es el lugar donde se encuentra con sus compañeros de lunes a viernes, de 2:00 a 6:00 p.m., para compartir ratos amenos. Jimmy con atención aprende la lectura del método alfabético BRAILLE y el ABACO, “fueron dos o tres semanas el tiempo para aprender lo esencial sin escribir tildes, comas y puntos, pero con el tiempo lo aprendí gracias a la profesora Ana Sol Restrepo”, comenta Astudillo.
En la sala de invidentes, la motivación es aprender y socializarse con sus buenos compañeros, uno de ellos es Omar Chantre de 44 años, militar, quien diariamente, es acompañado por su esposa Graciela Benavides en el aprendizaje y en su formación.
Jimmy en el trayecto de su casa ubicada en el barrio Santa Elena a la biblioteca utiliza su bastón como herramienta esencial para evitar algún peligro en la carretera.“al principio lo más complicado fue ubicar el espacio de los vendedores ambulantes. Cuando llueve la incómoda situación de los huecos; todo en la vida es difícil, pero después de que uno quiere se pueden lograr las cosas. Aunque yo no pensaba esto antes del accidente”.
Hace tres años, el 21 de mayo en Morales (Cauca), trabajó para el ejército, al paso de una patrulla activaron un cilindro bomba que le afectó con una esquirla los ojos, dejándolo completamente ciego. El siguiente paso consistió en aceptar la situación para no desesperarse y seguir consciente de lo que podría seguir más adelante.
El accidente afectó los sentidos de Jimmy, pero su alma quedó intacta, desde ese día no puede percibir con su olfato los “olores de la vida”, como él le llama.
Sus pasatiempos son escuchar radio, en especial la música salsa, el vallenato, bailar y además jugar fútbol sonoro (para invidentes) y dentro de poco tiempo estudiar Psicología o Derecho.
De igual forma, su amigo Omar Chantre, corrió con distinta suerte, pero a la vez con el mismo resultado, quedó ciego por una diabetes dañándole un riñón. “El cambio ha sido un poco drástico enseñándome que los ciegos no nos acomplejamos y tenemos muchas virtudes y habilidades aunque mucha gente no crea, todas las oportunidades de la vida hay que aprovecharlas”.
El mundo para estos hombres es una prueba que les pone Dios, las personas invidentes no hay que confundirlas con incapaces porque tienen un defecto físico, son personas con mucho valor espiritual y fortaleza en su alma.