La imaginación fue el punto de partida y Roblox Studio, la herramienta para convertirla en mundos, personajes y retos creados por sus propias manos. Once niños, entre los 9 y 13 años, culminaron el curso Desarrollo de Videojuegos con Roblox Studio, una iniciativa de la Escuela de Pequeños Ingenieros de Unicomfacauca, liderada desde el área de Educación Continua.
Durante el proceso, los participantes dieron un paso más allá de jugar videojuegos para convertirse en sus propios creadores. A través de Roblox Studio, exploraron herramientas de diseño y programación que les permitieron construir escenarios en 3D, desarrollar personajes y crear experiencias interactivas a partir de sus propias ideas.

Más que aprender a utilizar una plataforma, el curso se convirtió en una oportunidad para fortalecer habilidades que trascienden la pantalla. El pensamiento computacional les permitió desarrollar la lógica y la resolución estructurada de problemas, mientras que la creación de escenarios y mundos interactivos estimuló su imaginación y capacidad para transformar ideas en experiencias digitales.
A esto se sumó el acercamiento temprano a conceptos relacionados con la programación y el diseño gráfico, fortaleciendo su alfabetización digital y ofreciéndoles nuevas herramientas para desenvolverse en un entorno cada vez más tecnológico. Cada creación también representó una oportunidad para experimentar, equivocarse, volver a intentar y descubrir que no existe un único camino para llegar a una solución.

Uno de los momentos más especiales llegó con la clausura del curso, realizada en compañía de las familias. En este encuentro estuvieron presentes la Rectora (e), Mag. Claudia Milena García Castillo; la Vicerrectora de Investigación y Extensión, Mag. Andrea Carolina Navas; la Coordinadora del Lugar de Desarrollo Zona Norte, Mag. Yesika Torregroza; la promotora de Educación Continua, Diana Paola Mendoza, y el docente encargado de orientar el curso, Ing. Christian Alexander Delgado Burbano, quienes acompañaron a los pequeños desarrolladores en el cierre de esta experiencia.

La emoción también estuvo presente entre padres, acudientes y estudiantes. Los niños tuvieron la oportunidad de mostrarles a sus familias los videojuegos que habían creado, mientras sus padres se convirtieron, por un momento, en los jugadores de las experiencias que sus hijos habían diseñado. Dos de los estudiantes también compartieron unas palabras durante la clausura; sus intervenciones reflejaron la alegría por lo aprendido y, al mismo tiempo, esa particular nostalgia que aparece cuando termina una experiencia que se disfrutó de verdad.


Como cierre de este proceso, los 11 participantes recibieron sus certificados de finalización, celebrando no solo el cumplimiento de una formación, sino también el resultado de un proceso en el que aprendieron a convertir sus ideas en creaciones propias. Y quizá ahí estuvo la verdadera magia de este curso: en demostrarles que aquello que alguna vez imaginaron también podía convertirse en algo que otros pudieran ver, recorrer y jugar. Esta vez, los pequeños ingenieros no solo entraron a un mundo virtual para jugar; aprendieron a construirlo.